Autor: Miguel Ángel Rivas
Revista: INESE

Los padres de la Constitución entregaron a nuestra Administración Pública el oro, el incienso y la mirra. El oro honrará la pureza que requiere servir con objetividad a los intereses generales. El incienso, a su espíritu que emana del imperio de la ley. Y la mirra servirá para recordar a los ciudadanos que la Administración también muere cuando lesiona un interés particular.
En estas fechas tan entrañables para todos, quisiera trasladar mis mejores pensamientos a los empleados públicos que hacen esto posible. Pero no está de más significar la importancia del carbón que esos procedimientos de Responsabilidad Patrimonial de la Administración que se incoan casi siempre bajo el paraguas de un seguro de responsabilidad civil. Entidades aseguradoras que, a la postre, preservan su facultad de subrogación que les otorga el artículo 43 de la LCS.
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